La llegada

Mathias Ková�? se encontraba en su puesto, como lo había hecho todos los días y a la misma hora desde que tenía memoria; hoy cumpliría 26 años de vida y 10 de haberse unido al grupo, pero esto no lo hacía un día particularmente especial; para él los días y las noches transcurrían indistinguibles, uno tras otro, al igual que las semanas y los meses.

En ese momento lo único que ocupaba su mente era la lluvia que caía incesante y amenazaba con volverse aguanieve. Lo más probable era que el comandante no llegara ese día, el pavimento estaba congelado y apenas podía ver a tres metros de distancia por la neblina. Hoy no pasaría nada, de eso estaba seguro y muy a su pesar.

Aún faltaban cuatro horas para terminar la guardia y los guantes ya se le habían pegado al fusil por el frio y la humedad.

No pasaron unos minutos sin que se oyera un rumor a lo lejos y unos segundos después el camino se había iluminado; una camioneta se detuvo ante la garita, la ventanilla se abrió y el conductor ofreció un saludo militar, ofreció sus credenciales, Mathias las verificó como era su rutina.

En el asiento de atrás una persona en traje de gala, gabardina, guantes, galones y condecoraciones, era el comandante. En un acto inusual el chofer y el copiloto se apean, se abre una tercera puerta y el comandante camina hacia la garita. Parecía un personaje fuera de lugar en su traje de gala, zapatos relucientes y el ambiente helado, lloviendo, nieve y lodo en el suelo, neblina cerrada…

– ¿Teniente Mathias Ková�?? –
– Si señor, a sus órdenes señor –

y entonces ocurrió algo que no había pasado en muchos años, sonrió y su corazón empezó a latir de prisa.

– Procedamos entonces teniente –
– Si señor –

Y la espera de Mathias terminó, ya no importó más el aguanieve, el frio o las largas horas de guardia que faltaban por cubrir, el comandante cumplió su palabra y había llegado.

Gris

Su cabeza descansaba tranquilamente sobre la almohada
Su cabello, perfumado a manzanilla, aún estaba húmedo
Sus ojos, cerrados, como si durmiera y en sus labios
una sonrisa, o acaso un lamento, nunca lo sabré.

Su piel blanca como las nubes, perfecta, brillante,
hasta podría decir que un poco fría.

En la habitación se escuchaba la misma canción una y otra vez
hasta el cansancio, pero no había nadie que la escuchara.

Al pie de la cama unas sandalias que no caminarían más,
y bajo ellas…

Un espejo carmesí que reflejaba todo lo que nos rodeaba,
era vivo y cálido, poco a poco iba nublándose,
y ese pequeño hilo que lo alimentaba gota a gota menguó.

Entonces todo se tornó gris, un aire helado perforaba
los pulmones, sentí mis huesos deshacerse en mil pedazos
y de repente, ya no estaba allí.

Aventura

Aventura es
Volar sin límites
Encontrarse
Nacer
Tocar
Unir
Reir
Aventura: vivir al máximo

Polecias

Los polecias “facilitando” el tráfico en Las Flores durante las obras del segundo piso del Periférico

Fútbol en pedacitos

Cuando acabó el Campeonato Mundial del ‘94, el césped del estadio de Los Angeles fue vendido en porciones, como una pizza. Cuatro años después, mientras se apagan los clamores de triunfo y los susurros de velorio del Mundial ‘98, se está vendiendo en trozos el césped de Saint Denis.

Este artículo no vende panes de césped, pero ofrece, gratis, algunos pedacitos de fútbol.

Campeones

Brasil no pudo ser pentacampeón. Adidas, sí. Desde la Copa del ‘54 que Adidas ganó cuando ganó Alemania, ésta es la quinta consagración de los seleccionados que representan la marca de las tres barras. Adidas levantó, con Francia, el trofeo mundial de oro macizo y conquistó, con Zinedine Zidane, el premio al mejor jugador del campeonato. La empresa rival, Nike, tuvo que conformarse con el segundo y el cuarto lugar, que obtuvieron sus selecciones de Brasil y Holanda. La estrella de Nike, Ronaldo, no se lució demasiado. Una empresa menor, Lotto, dio el batacazo con la sorprendente Croacia, que entró tercera.

Según un reciente estudio científico publicado por el Daily Telegraph de Londres, los hinchas segregan, durante los partidos, casi tanta testosterona como los jugadores. Pero hay que reconocer que también las empresas multinacionales transpiran la camisa como si fuera camiseta.

Estrellas

Los jugadores de fútbol más famosos son productos que venden productos. En tiempos de Pelé, el jugador jugaba, y eso era todo. En tiempos de Maradona, ya en pleno auge de la televisión y de la publicidad masiva, las cosas habían cambiado. Maradona cobró mucho, y mucho pagó: cobró con las piernas, pagó con el alma. Cuando ya llevaba algunos años en las canchas, la crisis lo rompió, y enfermó gravemente por sobredosis de éxito.

El éxito espectacular de Ronaldo le permite facturar mil dólares por hora, incluyendo las horas que duerme. En el Mundial del ‘98, a los veintipoquitos años de edad, Ronaldo sufrió una crisis temprana: convulsiones, ataque de nervios. Dicen que la presión de Nike lo metió a prepo en la final contra Francia. El hecho es que jugó enfermo, y no pudo exhibir como debía las virtudes del nuevo modelo de botines, el R-9, que Nike estaba lanzando al mercado por medio de sus pies.

Precios

Al fin del siglo, los periodistas especializados hablan cada vez menos de las habilidades de los jugadores y cada vez más de sus cotizaciones. Los dirigentes, los empresarios, los contratistas y demás cortadores del bacalao ocupan un espacio creciente en las crónicas futboleras. Antes, los pases se referían al viaje de la pelota de un jugador al otro; ahora, los pases aluden más bien al viaje del jugador de uno a otro club o de un país a otro. ¿Cuánto están rindiendo los famosos en relación con la inversión? Los especialistas nos bombardean con el vocabulario de los tiempos: oferta, compra, opción de compra, venta, cesión en préstamo, valorización, desvalorización. En el Mundial ‘98, las pantallas de la televisión brindaron espacio a la emoción colectiva, la más colectiva de las emociones, y también fueron vidrieras de exhibición mercantil: hubo alzas y caídas en la bolsa de piernas.

Africanos

Njanka, jugador de Camerún, arrancó de atrás, dejó por el camino a toda la población de Austria y clavó el golazo más lindo del Mundial. Pero Camerún no llegó lejos.

Cuando Nigeria derrotó, con su fútbol divertido, a la selección española y Paraguay empató, el presidente Aznar comentó que “hasta un nigeriano o un paraguayo pueden ponerte en tu lugar�. Después, cuando Nigeria se fue de Francia, un comentarista argentino sentenció: “Son todos albañiles, ninguno usa la cabeza para pensar�. La FIFA, que otorga los premios fair play, no jugó limpio con Nigeria: le impidió ser cabeza de serie, aunque el fútbol nigeriano venía de conquistar el trofeo olímpico.

Las selecciones del Africa negra se fueron temprano del campeonato Mundial, pero algunos jugadores africanos o nietos de africanos deslumbraron en Holanda, Francia, Brasil y otros equipos. Hubo locutores y comentaristas que los llamaban negritos, aunque nunca llamaron blanquitos a los demás.

Sudamericanos

De los equipos sudamericanos, el que más me gustó fue Holanda.La selección naranja ofreció un fútbol vistoso, de buen toque y pases cortos, gozador de la pelota. Este estilo sudamericano se debió, en gran medida, al aporte de sus jugadores venidos de América del Sur: descendientes de esclavos, nacidos en Surinam. No había negros entre los diez mil hinchas que viajaron a Francia desde Holanda, pero en la cancha sí que los había. Fue una fiesta verlos: Seedorf, Reiziger, Winter, Bogarde, Kluivert, Davids. Kluivert es sutil como Francescoli, y cabecea como él. Davids, motor del equipo, juega y crea juego: mete pierna y mete líos, porque no acepta que los negros cobren menos que los blancos en los clubes de Holanda.

Franceses

El padre de Zidane fue uno de los albañiles que levantaron el estadio donde su hijo se consagró como el mejor de todos. Zidane es de familia argelina. Thuram, elevado a la categoría de héroe nacional por dos golazos, nació en el Caribe, en la isla Guadalupe, y de allí llegaron a Francia los padres de Henry. Desailly vino de Ghana, Viera de Senegal, Karembeu de Nueva Caledonia. Djorkaeff es de origen ruso y armenio. Trezeguet se crió en Argentina.

Eran inmigrantes casi todos los jugadores que vestían la camiseta azul y cantaban La Marsellesa antes de cada partido. Una encuesta, publicada en esos días por Le Figaro Magazine, reveló que la mitad de los franceses quería la expulsión de los inmigrantes, pero el doble discurso racista permite ovacionar a los héroes y maldecir a los demás. El trofeo mundial fue celebrado por una multitud sólo comparable a la que desbordó las calles, hace más de medio siglo, cuando llegó a su fin la ocupación alemana.

Peces

El año pasado, un aviso de televisión de Fox Sports exhortaba a mirar fútbol prometiendo: “Sea testigo de cómo el pez grande se come al pez chico�. Era una invitación al aburrimiento. Afortunadamente, en el Mundial ‘98 en más de una ocasión el pez chico se comió al pez grande, con espinas y todo. Eso es lo bueno que tienen, a veces, el fútbol y la vida.

-Eduardo Galeano

Llegó el otoño

Esta semana ha sido la última del verano, las lluvias cada vez menos frecuentes y el frio por las mañanas te hace pensar dos veces antes de salir de casa sin un abrigo.

En las calles, iluminadas y adornadas de colores con motivo de las fiestas patrias, se ven peatones que huyen del granizo que empezó a caer de improvisto; una señora vende pan de nata a diez pesos y a unos pasos, otra con un anafre tuesta pepitas de todos los sabores y tamaños para armar bolsitas de papel que vende a cinco pesos.

Un mendigo pide limosna para comprar medicinas y curar su pie izquierdo, se lo lastimó en un accidente de trabajo y por lo mismo lo despidieron; ayer, el pie lastimado era el derecho.