El día de hoy, en conocido, izquierdoso y poco objetivo diario de este país, apareció un artículo criticando el actuar de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal.
La razón de la crítica, según exponen, es el hecho que la Comisión basó su actuar en denuncias ciudadanas que, acorde a semejante diario, espetaban en sus escritos:
“Estoy muy molesto. El tal Andrés Manuel López Obrador y sus seguidores (¿o pagados?) cierran una avenida sin importarles lo que suframos los demás. Sería bueno entonces que paguen la tenencia de mi auto para que tengan el mismo derecho de uso de calle. Creo que lo mejor sería que hicieran algo de provecho como trabajar en lugar de hacer fritangas para aumentar su ya deplorable figura”.
Otra denuncia exponía: “¿Dónde está el trato justo por parte de los servidores públicos, cuando nos tiene sitiados por puros muertos de hambre? Ya que estará de acuerdo que esos (los manifestantes) no son pobres, son pelafustanes, mafiosos y ladrones que subsisten a la sombra de la ilegalidad”.
Respecto de lo anterior, 2 consideraciones que estimo pertinentes:
1. ¿Por el sólo hecho de tildarlos con tales adjetivos, las denuncias pierden, inmediatamente, toda validez? ¿No perdieron, entonces, legitimidad los -entonces- manifestantes que, al vernos pasar, nos gritaban cosas como “pinches panistas vende-patrias, catrines de mierda, se visten de lujo con el dinero que le roban al pueblo“? Me pregunto yo, ¿qué es el pueblo?
y 2. Aunque considero que los ciudadanos que emitieron dichas quejas tienen justa razón de expresarse así (finalmente, yo también padecí el bloqueo de Reforma, ya que de la Condesa (donde vivo) a las Lomas (donde antes trabajaba) el tiempo de recorrido, en ese entonces, pasó de 40 minutos a 3 horas), no es correcto espetar tales comentarios.
Precisamente, lo que nos diferencia de los “nacos”, “pelafustanes”, “mafiosos” de “fritanga de deplorable figura”, es la clase y la educación. Y la clase y la educación nos enseña a no exteriorizar tales comentarios, aunque (i) tengamos razón, y (ii) la gente sea así.
Aún así, refrendo mi total oposición al “Peje”, al closetero Ebrard y a todo el séquito de populistas y analfabetas funcionales que comprenden su movimiento.
